jueves, septiembre 22, 2005

'Dim Sum'

Desde que cuenta los días para irse a Hong Kong con los dedos de las manos, desplegándolos del puño, huir de la imagen idealizada de un desayuno en una de sus 'Casas de Té' le resulta impracticable. Pero es que -¡claro!- imaginaos sentándoos en una de esas mesas -¿serán compartidas con más comensales?-, que un chorro de agua cristalina e hirviendo cae a unos centímetros de vuestras occidentales narices (casi tanto como los ojos, a los asiáticos les llaman muchísimo la atención nuestras “enormes” narices), que vuestras pupilas desorientadas por esta súbita atención se despistan, y que en un momento, ya están viendo la espalda del camarero: alzáis la mano para pedir dim sum, pero nadie os entiende, entonces os levantáis y os abalanzáis sobre los carros llenos de cestitos con estos “trocitos de corazón”…
¡Pero no veis que nombre tan evocador!… Tradicionalmente, las mujeres chinas cocinaban diminutas bolas de masa hervidas al vapor para ofrecérselas a su familia o sus invitados como desayuno. Decían que las cocinaban con todo el mimo del mundo para sus seres queridos, así que esta masa pasó a llamarse dim sum, traducido literalmente (según fuentes que no puede corroborar todavía) “desde el corazón” o “pedacitos de corazón”.

La verdad es que ella sólo puede ofrecer su imagen ideal del ritual de las Tea Houses de Hong Kong, destiladas de sus lecturas en estos últimos días. ¿Pero hay algún sabor más perfecto para describir, que el idealizado? Las decenas de variedades que se sirven de dim sum –que sólo se ofrecen como desayuno o comida, nunca de cena- se amontonan dentro de cestitas en estos lugares, algunos ancestrales, como el Luk Yu Teahouse. Fundada en 1933, en el distrito central, hace bien poco se ha hecho con una leyenda negra, algo que siempre viene bien para dotar de más empaque a estas cosas: hace dos, tres, cuatro años, un hombre se sentó en uno de sus rincones y pidió su almuerzo. Desayunó a la par de las cientos de almas que entraban y salían a esas horas, sin más protagonismo que ir bebiéndose su Yum Cha –"té", aunque literalmente 'Yum Cha' es "beber té"- mientras pedía sus dim sum preferidos. Y en cuanto hubo acabado, se levantó, se acercó a un hombre que hacía lo propio, le puso el cañón de un arma en la nuca y disparó. ¿Y si fueseis alguno el turista que se sentaba a dos mesas de allí?…

Pero lejos de estas historias truculentas, ella sólo ha encontrado referencias que añoran el bullicio de las horas punta o el candor de entre-horas. Supone que es en estos locales donde mejor se nota esa confluencia pasado-futuro de la antigua colonia británica (bueno, 'territorio', a los chinos les gusta más este término, por lo visto): los hombres de negocios agolpándose todavía en estos salones, donde cierran acuerdos y acaloran la discusión después de escoger si prefieren har gau (dim sum de camarón), cha siu bau (carne de cerdo asada) o tsun guen (los auténticos rollos de primavera). Y acabado el turno de la hora punta, de nuevo la calma: rondará el lugar esperando ese momento, se sentará en una mesa cerca de una ventana, y después de sacar una instantánea del bodegón “bloc de viaje, dim sum que-acaba-de-descubrir-que-es-su-preferido-después-de- minutos-interminables-de-indecisión, tacita muy china de té, humo decorativo y fondo indescriptible”, después de esa recapitulación de tiempo y espacio, escribirá este post, pero de verdad. Desde el corazón.

1 cosas que no pueden esperar...

At 11:06 p. m., Blogger Accidente me confesó que...

Qué rico todo y qué envidia. Pásalo muy bien. Me había olvidado de tu viaje.

Xx

 

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