miércoles, septiembre 14, 2005

Stop

Se va acabando el ovillo del verano y comenzará prontito a desenrollarse el otoño, así, automáticamente. El correr acelerado de los días, el desgranarse de las horas como uvas maduras. No comprende cómo nos hemos acostumbrado a preguntar antes de hacer nada, o al atasco de papel en las máquinas burocráticas. Cómo el ser humano se ha inventado el stop, esa pausa, de dónde ha sacado el concepto que la naturaleza no contiene. El día y la noche. Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera. La vida y la muerte y la vida otra vez. Y la muerte de nuevo. Todo sigue en rueda imparable, sin plantearse por qué ha de seguir, sin saber ni ser consciente de cómo lo hace. Pero las personas nos paramos. Y nos sentamos y meditamos. ¡Incluso desdeñamos la conducta despreocupada que imite en algo el fluir constante e incuestionable de la vida! ¿Por qué tratamos de complicarlo todo? ¿Quizás porque la consciencia traía consigo un sobrecito con la palabra “muerte”? ¿O “miedo”? Y entonces, ¿nos paramos a meditar? No. Nos paramos para retrasar, aunque sólo sea en nuestra cabeza, la venida de la destrucción propia. ¿Y si viene a nuestro paso, y aunque nos detengamos, camina hacia nosotros? Bueno, al menos, lo habremos intentado.


(*divagaciones sin patrocinio)

1 cosas que no pueden esperar...

At 10:42 p. m., Blogger Accidente me confesó que...

Dejadme el otoño a mí.

Todo está vivo y activo, nacen y vuelven las relaciones, se siente el frío y el calor, los árboles visten de marca y las puestas de sol alumbran mejor que nunca en los ojos quien bien lo merece.

El invierno es demasiado duro, el verano un agobio y la primavera tiene un buen departamento de marketing, poco más.

Dejadme el otoño a mí.

Xx

 

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