martes, agosto 09, 2005

No tengo nada que decir

Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre. Dijo, por cierto, Augusto Monterroso. De su aspecto no sé nada; tampoco importa demasiado, salvo para imaginármelo escribiendo en una hacienda centroamericana, yo qué sé, siempre me imagino el espacio de trabajo de un escritor como un idílico cuarto de madera, con su enorme mesa barnizada natural, con una Olivetti algo cascada, ya sólo de adorno, y su portátil al lado, con una taza roja de café, como la del arcaico anuncio de Nescafé, y un gran ventanal por el que entra un caudal de luz solar tamizado por los árboles del jardín. Eso me da gusto pensar. Por si alguna vez me toca. Pero bueno, lo que sé de verdad es que escribe cuentos, lindos cuentos. Y es suficiente para dar credibilidad, me parece. Hoy no tenía nada que contar, eso creía, vaya, nada que pueda o quiera, y me acordé de haber leído esa frase inaugural de párrafo arriba. Así que tengo, o me imagino tener, el beneplácito de Monterroso para recorrer líneas cabalgando una georgia de 9 puntos, declarando en mi blog que hoy no tengo nada que contar. Y me quedo tan ancha.

También porque hace tiempo que nadie comenta… así que deduzco que nadie lee… así pues no molesto… ¿eo?

1 cosas que no pueden esperar...

At 5:45 p. m., Blogger galgata me confesó que...

Es cierto que es bueno escribir harto porque uno nunca sabe cuándo va a salir el ramalazo y qué cosas valiosas hay que ni uno mismo ve.
Pero por otro lado, luego viene el famoso pulir y simplificar que es extenuante jajajaja... Excepto en esas excepcionales veces en que es como si las cosas se escribieran solas.

 

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