lunes, enero 22, 2007

Bill Viola. Mención aparte.

Un autor excepcional, al que se intuye un profundo respeto por su espectador, rara avis entre los vídeo artistas. No trata de mostrarse extraño, ajeno, especial. Bill Viola se abre y te cuenta lo que siente, lo comparte, te habla de tú a tú, porque sabe que puedes entenderlo, que a fin y al cabo, somos idénticos en emociones, aunque uno no sepa expresarlas del mismo modo. Y te cuenta. En “Habitación para San Juan de la Cruz”, te habla de la calma de espíritu que triunfa sobre la tragedia exterior, del arrebato místico que hace soportar las penurias (en una habitación, una proyección de una montaña nevada tiembla como en medio de un terremoto, acompañada de un ruido ensordecedor. En medio de la habitación, un cubo, un cuarto, y una ventana por la que asomarse. Cuando lo haces, nada se oye de fuera, sólo el recitar calmo de los versos de San Juan. Sobre una mesita de madera, un jarro de agua y un pequeñísimo televisor, donde se proyecta (sonrisa) el paisaje de la montaña, en calma).
Y le entiendes. Y lo sientes como él. Y la magia se hace, porque ha sido capaz, y tú no, y le admiras, por crear con imagen y sonido, un sentimiento. Que parece tan fácil… y es tan difícil. Y tan bello…

1 cosas que no pueden esperar...

At 9:56 a. m., Anonymous Anónimo me confesó que...

Porque cuando no es magia, pero si lo es; cuando es normal y cercano, pero hay sentimiento; porque cuando alguien conoce el mundo de las emociones y sabe transmitirlas... algo en lo que no nos habíamos fijado se transforma en una emoción redescubierta con la que identificarse.

Me gusta. Me gusta tu descripción reflexión que explica de forma clara, sencilla y emotiva una obra de Viola.

 

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