lunes, octubre 24, 2005

Diferencias sutiles

RAZONABLE

Cuando tú llevas a cabo una obra –no entraré ahora a calificar si de arte o no, no es el momento-, es lógico que haya una ley que proteja tus derechos sobre lo que has realizado, entre ellos el de explotación de tu obra, sus derechos de imagen, etc. Para que nadie haga dinero a tu costa. Eso está bien.

En este caso, la Ley de la Propiedad Intelectual da un margen sobre los derechos de explotación de la obra que va desde su creación hasta 70 años después de la muerte del creador.


Si tomamos como ejemplo la Torre Eiffel, creada para la Exposición Universal de París en 1899, ésta habría cumplido ya su tiempo (su autor murió en 1923 con 91 años) y por tanto podríamos utilizar ampliamente la imagen del emblema francés.

COSAS DE LA VIDA

Pues no tan ampliamente. Cuando uno toma una instantánea de la torre Eiffel, o bien tiene una cámara mágica que elimina todo lo que no sea torre, o lo que contiene la fotografía es algo más que monumento. No, no es cuestión de que me ponga pejiguera con que tengáis cuidado con que no salga la cara de nosequién al fondo. Es más simple.


¿Quieres poner la torre Eiffel en una gráfica? Fenomenal. Pero que sea de día. De noche, ya volveríamos a tropezar con la cuestión de los derechos de imagen ¿De quién, os preguntáis? Pues del señor arquitecto que ideó la iluminación del símbolo galo… Ajá, estas son cosas que pasan, cosas de la vida.


ABSURDO

Eso demuestra que hay que estar en todo, porque el señor que se trazó el plan de luces ha hecho su obra –dejemos de nuevo lo de arte-, y tiene derecho, aunque nadie se acuerde de él, a que se le tenga en cuenta.
Pero hay otras cuestiones que aunque te pongas a darle vueltas, es difícil caer.

Os doy una entrada al sitio y váis pensando por el camino quién más quiere su parte del pastel.



Ya.

Pues resulta que además del autor del monumento (que ya no cobra) y del señor de las luces (que sí), se une a la factura de derechos de imagen ni más ni menos que la compañía eléctrica que da cobertura al espectáculo nocturno. Qué aduce en cuestión de derechos de propiedad intelectual o de propia imagen, se me escapa. Pero sí.

Así que si un día se os da por publicar una foto vuestra, tened cuidado de que Loreal no os pida derechos por la sombra de ojos o Alcampo por las chanclas. El límite entre la protección celosa y la avaricia anda últimamente muy, muy sutil.

1 cosas que no pueden esperar...

At 6:30 p. m., Anonymous kingo me confesó que...

Me has dejado helado con lo de los derechos de los de la luz...¿Y quién le paga sus derechos al sol? Y a la tierra de donde sale ese petróleo? Y a los ríos ? Serán esos señores tan serios y responsables de las centrales eléctricas?
Como creativo publicitario que no ha visto un duro en su vida por los derechos de ninguna de las ideas, frases o imágenes que ha producido en su vida, me cago en todos los derechos hasta que se queden retorcidos. Hombre! Ya me he cabreao. Viva la piratería!

 

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