lunes, septiembre 26, 2005

Una peseta por tus pensamientos


Se me iba la pinza, lo reconozco. A las 3 y media de la tarde, la voz del profesor de turno comenzaba a sonar oblícua y gorda, tan densa, que sin dejar un hueco libre mutaba de hilo conversacional a fondo sonoro. Sobre ese colchón dormitaban mis ideas, mis castillos ya eran un enjambre de reinos, los vapores de mis sueños se cuajaban al alcanzar el aire sobre mi cabeza y entonces podía subir poniendo un pie aquí, una mano allá...

'Una peseta por tus pensamientos'
'¿Cómo?'

Antía me bajaba así a la Tierra. Entonces cogía mi libreta y lo escribía: 'UNA PESETA POR TUS PENSAMIENTOS'. Se lo dije: '¿Tan poco valen mis pensamientos?' Era una estupidez, pero me sentía un poco ofendida por el poco valor al que cotizaban mis elucubraciones. En tan alta estima tenía -tengo- mi mundito.

Pero qué torpe... Era una moneda a cambio de bajar al mundo, de comunicarse, de sentirse, de palparse. Todo el valor de venir aquí abajo de vez en cuando; y sólo una moneda a cambio.

1 cosas que no pueden esperar...

At 4:08 a. m., Blogger galgata me confesó que...

Por si te consuela, a mí nunca me han ofrecido NADA por mis pensamientos.. jejej :p

 

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