miércoles, junio 01, 2005

Con el estómago lleno

Chuletón de buey para dos, por favor.
Y no estaba mal. Hoy he comido como una reina del medievo (a las actuales no me remito, que se han vuelto remilgosas y abogan por un vegetarianismo que, dicho sea de paso, no sé, siempre me ha parecido más bien republicano). Y lo he acompañado con un poco de vino joven bastante suave y queso manchego con membrillo a la postre.
Este menú tan poco moderno, sobre todo para una chica cosmopolita y de pro como yo, es el contrapeso de mi pauta alimentaria. Sé que mantener un peso ideal con esta clase de platos cuesta mucho más, y peor todavía: combina fatal con la espiritualidad. Carne roja y sangrante no tendría rima en un verso haiku. Pero después de romperme la cabeza mucho sobre este tema, he llegado a la conclusión de que, una vez más, el equilibrio me sienta bien.
Mi dieta equilibrada consiste en cuidarme normalmente y respetar mis deseos de vez en cuando. Reprimir mis ganas de buena mesa me atormentaría, me sentiría atrapada en unas rejas que los demás han hecho para mi. Y con esta clase de rebeldía infantil no es que huya muy lejos, pero me da alas para escurrirme por los barrotes y pensar que soy la que establece las pautas de su vida.
Tengo el estómago llenísimo, pero, hijos, ¡qué bien me ha sentado!

1 cosas que no pueden esperar...

At 12:18 p. m., Anonymous kingo me confesó que...

Mmmmm, tú si que sabes. O por lo menos aprendes rápido. El equilibrio es el camino. Dale gusto al cuerpo pero poquito. Dale caña al cuerpo pero no mucha. Una de cal y otra de arena. La indefinición La falta de posición, la postura ambigua. Fluír, flotar, nadando entre dos aguas, dejándote llevar remando a favor de la corriente, flexible frente al viento y con raíces profundas. No cambies nunca... si no te lo pide el cuerpo.

 

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